Entradas

Contracturas: Que son y como evitarlas

Todos hemos sufrido alguna contractura molesta que nos impide el desarrollo de nuestra actividad y nos complica la realización hasta de la tarea más sencilla. Hoy, vamos a hablar de que son las contracturas, los diferentes tipos que hay y como podemos prevenir la aparición de estas.

Las contracturas se definen como una tensión de los músculos, los tendones y los tejidos cercanos a los mismos, que se prolongan en el tiempo y que hacen que las articulaciones se vuelvan rígidas y se acorten, impidiendo el movimiento normal de la zona afectada.

Pueden aparecer por varios motivos, entre estos destacan:

  • El sedentarismo
  • Mantener malas posturas de forma prolongada
  • Estrés
  • La realización de deporte o ejercicio sin preparación previa adecuada
  • Deshidratación

Conociendo el por qué pueden aparecer, es muy sencillo comprender los diferentes tipos de contracturas que existen:

Contracturas postraumáticas

Ante un golpe o un fuerte impacto, nuestro cuerpo activa la musculatura para proteger las zonas más sensibles y la tensa, generando así la contractura. Son contracturas que se caracterizan por producir un dolor intenso pero que suelen desaparecer sin problemas con el paso del tiempo.

Contracturas posturales

Como su propio nombre indica, estas contracturas aparecen al mantener una mala postura o haber hecho un mal gesto de forma prolongada. Generalmente se caracterizan por ser una simple molestia, por lo que en general tendemos a no preocuparnos demasiado. La realidad es que, si no las tratamos a tiempo, este tipo de contracturas pueden extenderse a los músculos adyacentes, llegando a provocar lesiones.

Contracturas por espasmos musculares

Este tipo de contractura es muy común en deportistas. Se dan cuando realizamos mucho esfuerzo con un músculo, de forma que la contracción es demasiado fuerte y notamos un agarrotamiento. Dependiendo del nivel de esfuerzo podemos estar hablando de una contractura “sin importancia” o de una lesión muscular más grave.

Contracturas por deshidratación

En coincidencia con su nombre, este tipo de contracturas se dan cuando nuestro organismo está deshidratado. Los músculos y articulaciones se ven afectados por la falta de hidratación y están más tensos. Generalmente se ven este tipo de contracturas en las piernas y las cervicales. Son el tipo de contractura más común y es muy frecuente que se de esta situación al haber consumido alcohol en exceso.

Para concluir, sabiendo ya que son las contracturas y de donde vienen, dejaremos una lista de consejos y recomendaciones que podéis seguir para evitar las contracturas.

  • Mantén una adecuada “Higiene Postural”
  • Estira bien tu cuerpo
  • Bebe suficiente agua y de manera regular
  • Duerme bien y evita, en la medida de lo posible, las situaciones de estrés
  • Si eres deportista o haces ejercicio, prepara bien tu cuerpo. Haz un buen calentamiento
  • No hagas esfuerzos muy grandes de manera repentina, ve siempre de menos a más

Generalmente, las contracturas no suponen un problema grave para nuestra salud. Pueden ser más o menos dolorosas, pero, dependiendo siempre del estado de salud de la persona y su condición física, suelen desaparecer a los pocos días. En el caso de que se mantengan demasiado en el tiempo, acude a un profesional y, sobre todo, no dejes que cualquiera te dé un masaje. Podría generarte lesiones de carácter más grave.

En Sannus Clinic tratamos todo tipo de lesiones y a todo tipo de personas. Independientemente de la edad o la condición física. Cualquier patología es tratada por el profesional más apropiado para cada caso. Todos los fisioterapeutas están colegiados en el Colegio Oficial de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid y cada uno es especialista en un área concreta. Si tienes alguna lesión o dolencia, no lo dudes, ¡Llámanos! Tenemos la solución a tu caso.

¿Qué es la fisioterapia invasiva?

La fisioterapia invasiva supone la introducción de una aguja a través de la piel. Se utiliza con fines terapéuticos como la punción seca, la neuromodulación, la electrolisis (ya comentada en anteriores blogs)…

La punción seca o dry needling (en inglés) consiste en la introducción de agujas a través de la piel, sin inyectar ni extraer sustancia alguna, buscando tan solo el estímulo mecánico de su inserción y manipulación. La indicación más desarrollada de la PS es el tratamiento de los puntos gatillo miofasciales, parte fundamental del tratamiento del Síndrome de dolor miofascial que comentamos en el post.

Supuestamente, los efectos analgésicos de la Punción Seca Superficial (PSS) se deben a la estimulación de fibras nerviosas A-Delta (acción directa e indirecta sobre interneuronas inhibitorias y activación de los controles inhibitorios difusos de la nocicepción) y A-beta, así como a la acción sobre el sistema nervioso autónomo.

Los mecanismos de acción de la Punción Seca Profunda (además de los de la PSS) son: el lavado de sustancias sensibilizantes producidos por las respuestas de espasmo local, la elevación del pH de la zona del PGM, la disrupción del círculo vicioso del “circuito del PGM”, la laceración mecánica de los miocitos y/o de las placas motoras afectadas, el estiramiento local de las estructuras citoesqueléticas contracturadas, además de los efectos beneficiosos sobre el flujo sanguíneo y la analgesia mediada por la inflamación que provoca la PSP.

Todos los mecanismos expuestos para la PSS y para la PSP podrían aplicarse a la electropunción seca, que además tendría mecanismos exclusivos, como la posible destrucción de miocitos alrededor de la aguja por efecto de la corriente eléctrica empleada, el lavado de las sustancias sensibilizantes y el estiramiento local de los sarcómeros acortados del PGM causado por las contracciones inducidas por la corriente eléctrica.

Lo más importante para un tratamiento de fisioterapia invasiva, es que el paciente esté dispuesto a realizarlo. Debe solventar todas sus dudas antes del tratamiento, para hacerlo seguro. En la mayoría de los casos, es importante utilizar el ecógrafo para mejorar la precisión y aumentar la seguridad de la técnica, sobre todo en zonas comprometidas.

No dudes en consultar tus dudas acerca de los tratamientos y ponerte en manos de los mejores profesionales.

Rotura fibrilar o desgarro muscular

La rotura de fibras o desgarro muscular es una lesión que se produce tras un traumatismo o más frecuentemente tras un movimiento o esfuerzo brusco de la musculatura. El paciente suele referir una sensación de haber recibido una “pedrada” y suele ir acompañada de dolor agudo localizable y hematoma (en algunos casos) en la región o en las zonas próximas a la lesión.

Es una lesión frecuente en deportes explosivos, sobre todo en miembros inferiores, que requieren de cambios bruscos, aceleraciones o frenadas precisas como el fútbol, baloncesto, atletismo, tenis, pádel etc. También puede ocurrir en actividades de la vida diaria como un tropiezo o una pequeña carrera o sprint (para coger el autobús por ejemplo) en personas que no están entrenadas.

Normalmente este tipo de lesiones suele ir directamente relacionadas con el nivel de entrenamiento, y el grado de dificultad del movimiento que ha realizado la persona para lesionarse. Cuanto menos entrenada esté, más fácil es sufrir una rotura de fibras si se realiza un movimiento brusco o inesperado.

Es importante una buena evaluación tras el inicio de los síntomas, siendo la ecografía un buen método de diagnóstico para valorar el alcance de la lesión y poder programar así un tratamiento de fisioterapia y readaptación adecuado a cada caso. La utilización de técnicas invasivas como la electrolisis y las técnicas más convencionales como el láser, la diatermia o el ejercicios físico, serán muy importantes en el proceso de recuperación para además de volver a conseguir un buen rendimiento del músculo dañado, evitar nuevas roturas en la misma musculatura.

Es fundamental realizar un tratamiento adecuado cuanto antes, ya que si no pueden surgir complicaciones como fibrosis que dificultarán la vuelta a la práctica deportiva deseada.

¿Qué es la Bursitis?

Una bursitis es un afectación inflamatoria de una de las bolsas de líquido (bursas) que sirven para amortiguar o evitar el roce de huesos, músculos o tendones alrededor de las articulaciones.  Es más frecuente en articulaciones que realizan movimientos repetitivos (hombro, codo, cadera, rodilla, tobillo) aunque puede aparecer en cualquiera. Normalmente, las bursas tienen una pequeña cantidad de líquido para amortiguar, pero cuando se irritan en exceso, se produce un aumento del mismo que suele provocar dolor y rigidez.

En los casos donde la inflamación sea mínima, con reposo puede ser suficiente para que recupere, aunque siempre se puede ayudar con técnicas como la diatermia, el drenaje manual y el ejercicio controlado. En casos más graves, es fundamental tratarlo tanto con fisioterapia como, en ocasiones, con alguna posible infiltración. Además, es importante buscar la causa que puede provocar la inflamación, por tanto puede ser importante acudir al podólogo para corregir posibles problemas biomecánicos que ocasionen la irritación, o corregir ejercicios mal realizados que están causando la inflamación.

Las técnicas más utilizadas en fisioterapia son la electrolisis, la diatermia, la cinesiterapia pasiva y activa… y en caso de ser necesaria la intervención del traumatólogo, la extracción del líquido o la infiltración para mejorar la absorción. Además, como hemos comentado, será importante reevaluar qué puede haber provocado la bursitis para poner solución y evitar las recidivas.

En Sannus Clinic contamos con un amplio grupo de profesionales que te ayudarán en lo que necesites. ¿Quieres más información sobre cómo aplicamos este tratamiento?

Síndrome de dolor miofascial y Puntos gatillos miofasciales

El síndrome de dolor miofascial es el conjunto de signos y síntomas producidos por los puntos gatillo miofasciales (PGM). Un punto gatillo miofascial es un foco hiperirritable dentro de una banda tensa de un músculo. Puede ser doloroso a la presión y a otros estímulos mecánicos y puede generar dolor en otras zonas que normalmente siguen un mismo patrón y causar limitación motora.

Hay diferentes mecanismos que hacen que los PGM se vuelvan dolorosos:

  • Mecanismos de activación directos: sobrecarga aguda o crónica, traumatismo directo sobre el músculo, sobreestiramiento, enfriamiento…
  • Mecanismos de activación indirectos: otros PGM, enfermedad visceral, inflamaciones, degeneración articular, radiculopatías y factores psicológicos.

Sintomatología

Normalmente el dolor no se localiza en la zona del propio PGM. Sólo se da esta circunstancia cuando el PGM es deformado mecánicamente (por compresión, contracción, estiramiento, punción, etc.) y en los escasos músculos cuyo dolor referido incluye al PGM.

En la zona de dolor referido se observan diferentes alteraciones vegetativas (vasoconstricción, lagrimeo, coriza, etc.), propioceptivas (desequilibrios, alteración de la percepción del peso de los objetos, etc.) y viscerales (arritmias, enuresis, vómitos, etc.)

En ocasiones, genera restricción articular, y por tanto disminución de la movilidad. Es específica y relacionada con el músculo en cuestión, por tanto puede servir como diagnóstico.

También puede generar rigidez o dificultad para iniciar el movimiento, especialmente después de un periodo de reposo.

El músculo con PGM, puede tener una inhibición en la contracción. Normalmente será descrita como fatiga o debilidad muscular, dificultando la activación del propio músculo.

Los PGM pueden relacionarse con pequeños espasmos (contracciones involuntarias que persisten de manera prolongada) y con calambres musculares (contracciones involuntarias dolorosas y transitorias).

Tratamiento

Es importante realizar una buena evaluación para poder localizar PGM que puedan generar el dolor de paciente. Normalmente, en la evaluación, se tiene en cuenta que al presionar el PGM se reproduzcan parcial o totalmente los síntomas por los que se acude a consulta. Es importante valorar todas las posibilidades para que el tratamiento sea más efectivo.

A partir de ahí se podrán realizar diferentes tratamientos como la punción seca, la neuromodulación, la terapia manual, diatermia, ondas de choque…

Si tienes dolor muscular, dolor inespecífico, no dudes en contactar para realizar una evaluación y programar un tratamiento en caso de que sea necesario.